Los cantos de Maldoror
El hermano de la sanguijuela caminaba con lentos pasos por el bosque. Se detiene varias veces abriendo la boca para hablar. Pero cada vez que lo intenta se le hace un nudo en la garganta y no deja pasar el abortado esfuerzo. Por fin, exclama: «Hombre, cuando encuentras un perro muerto boca arriba, apoyado en una exclusa que le impide partir, no vayas como los demás a coger con tu mano los gusanos que brotan de su hinchado vientre para mirarlos con asombro, abrir una navaja y despedazarlos en gran nú- mero, diciéndote que tú no serás más que ese perro. ¿Qué misterio buscas? Ni yo ni las cuatro aletas natatorias del oso marino en el océano Boreal hemos podido resolver el problema de la vida. Ten cuidado, la noche se acerca y estás ahí desde la mañana. ¿Qué dirá tu familia, con tu hermanita, si llegas tan tarde? Lávate las manos, reemprende el camino que lleva adonde duermes... ¿Quién es ese ser, allí, en el horizonte, que se atreve a acercarse a mí sin miedo, con saltos oblicuos y atormentados, ¡y qué majestad la suya, mezclada con serena dulzura! Su mirada, aunque dulce, es profunda. Sus enormes párpados juegan con la 34 LOS CANTOS DE MALDOROR brisa y parecen vivir. No le conozco. Mirando sus monstruosos ojos, mi cuerpo tiembla; es la primera vez desde que succioné los secos pechos de lo que denominan madre. Tiene a su alrededor una especie de aureola de luz resplandeciente. Cuando ha hablado, toda la naturaleza ha enmudecido, experimentando un gran estremecimiento. Puesto que te complace acercarte a mí, como atraído por un imán, no me opondré a ello. ¡Qué hermoso es! Me disgusta decirlo. Debes de ser poderoso, pues tienes un rostro más que humano, triste como el universo, bello como el suicidio. Te aborrezco con todas mis fuerzas, y prefiero ver una serpiente, enroscada a mi cuello desde el comienzo de los tiempos, que contemplar tus ojos... ¡Cómo!, eres tú, sapo... ¡grueso sapo!... ¡sapo infortunado!... ¡perdóname!... ¡perdóname!... ¿Qué vienes a hacer en esta tierra donde moran los malditos? Pero ¿qué has hecho de tus pústulas viscosas y fétidas para tener tan dulce aspecto? Cuando, por una orden superior, descendiste de lo alto con la misión de consolar a las distintas razas de seres existentes, te abatiste sobre la tierra con la rapidez del milano sin que tus alas estuvieran cansadas tras tan larga, magnífica carrera; ¡te vi!, ¡pobre sapo!, Cómo pensé, entonces, en el infinito al mismo tiempo que en mi debilidad. «Uno más que es superior a los de la tierra, me decía, y eso por voluntad divina. ¿Por qué no lo soy yo también? ¿A qué viene esa injusticia de los decretos supremos? ¡Insensato es el Creador que, sin embargo, es el más fuerte y cuya cólera es terrible!» Desde que apareciste ante mí, ¡monarca de las ciénagas y los estanques!, cubierto de una gloria que sólo a Dios pertenece, me consolaste en parte, pero mi vacilante razón se abisma ante tanta grandeza. ¿Quién eres, 35 CANTO PRIMERO pues? ¡Quédate... ¡oh!, quédate todavía en esta tierra! Pliega tus blancas alas y no mires a lo alto con párpados inquietos... ¡Y si te vas, partamos juntos!» El sapo se sentó sobre sus muslos posteriores (¡que tanto se parecen a los del hombre!) y, mientras las babosas, las cucarachas y los caracoles, huían a la vista de su enemigo mortal, tomó la palabra en estos términos: «Escúcheme, Maldoror. Fíjate en mi semblante, tranquilo como un espejo, creo poseer una inteligencia igual a la tuya. Un día me llamaste el sostén de tu vida. Desde entonces nunca he traicionado la confianza que habías depositado en mí. Soy sólo un simple habitante de los cañaverales, es cierto; pero gracias a tu propio contacto, tomando sólo lo que de bello había en ti, mi razón se ha engrandecido y puedo hablarte. Me acerqué a ti para apartarte del abismo. Quienes se llaman tus amigos te miran, heridos por la consternación, cada vez que te encuentran, pálido y encorvado, en los teatros, en las plazas públicas, en las iglesias o sujetando, con dos nerviosos muslos, ese caballo que sólo galopa de noche, mientras lleva a su dueño-fantasma envuelto en un largo manto negro. Abandona esos pensamientos que dejan tu corazón vacío como un desierto; son más ardientes que el fuego. Tu espíritu está tan enfermo que no lo advierte y piensas hallarte en tu estado natural cada vez que de tu boca brotan palabras insensatas, aunque llenas de infernal grandeza. ¡Infortunado!, ¿qué has dicho desde el día de tu nacimiento? ¡Oh!, triste resto de una inteligencia inmortal, que con tanto amor había creado Dios. ¡Sólo has engendrado maldiciones más horrendas que la visión de hambrientas panteras! Preferiría tener soldados los párpados, que mi cuerpo careciera de piernas y brazos, haber asesinado a un hombre, antes que 36 LOS CANTOS DE MALDOROR ser tú. Porque te odio. ¿Por qué tener este carácter que me asombra? ¿Con qué derecho vienes a esta tierra para ridiculizar a quienes la habitan, podrido despojo, agitado por el escepticismo? Si no estás a gusto, debes regresar a las esferas de dónde vienes. Un habitante de las ciudades no debe residir en la aldea, como un extranjero. Sabemos que en los espacios existen esferas más vastas que la nuestra y cuyos espíritus tienen una inteligencia que nosotros ni siquiera podemos concebir. Pues bien, ¡vete!... ¡aléjate de este suelo móvil!... Muestra por fin tu esencia divina, que hasta hoy has ocultado, y, lo antes posible, dirige tu vuelo ascendente hacia tu esfera, que no te envidiamos, ¡orgulloso de ti! Pues no he logrado saber si eres un hombre o más que un hombre. Por lo tanto, adiós, no esperes ya encontrar al sapo en tu camino. Has sido la causa de mi muerte. Parto hacia la eternidad, para implorar tu perdón.»
Idea
La indefinida e impostergable muerte de los seres vivos. La muerte es lo más importante de la vida, sin ella no se viviría con un propósito y con las incansables ganas de transitarla con pasión.
El principio y el fin, el vivir y el morir, el amar y odiar. La dicotomía de la vida y de las decisiones que uno toma en ella.
La idea es basarnos en este contrapunto y poder hacer el sentir el paso y el transcurso de los sucesos para que cada uno, desde su punto de vista, desde sus vivencias, pueda sentirlo de distinta manera.
Escaleta:
Las rocas comienzan a formarse, el agua comienza a fluir. Animales confundidos, ajenos a la verdad de la vida.
Se estremecen las hojas, el viento corre, los pájaros vuelan. La gente goza de alegría, de pasión, de tristeza, de nostalgia, de rencor.
Todos los habitantes de la tierra, plantas, animales ajenos a la vida del otro. Se matan entre sí, por amor, por placer, por sobrevivencia.
Todo gira en base a la felicidad egoísta de uno. Todo para el mismo fin: la muerte
Propuesta estética:
Fotografía: Imágenes a color, demostrando las distintas formas de ver la vida, con sus bellezas y sus horrores. Imágenes fuera de foco ya que el tema a tratar, la vida y la muerte, no tienen una verdad absoluta.
Arte: la no perfección de las cosas, así como es la vida. La paleta de colores muy amplia, no dándole una continuidad narrativa a la imagen, generando incomodidad.
Imágenes:
Propuesta de montaje:
Siguiendo la línea con las demás áreas: generar incomodidad en el espectador, le incomprensión del relato. El montaje será en ocasiones rápido, con planos muy cortos. Por momentos se emplearán en planos más largos el uso de un único fotograma montado en el medio de una toma, donde el espectador no llegue ni a distinguir de que se trata. O planos más largos con ritmos más lentos. Para que el espectador, con estos cambios bruscos de montaje, no pueda generar una lógica del relato.
Propuesta de sonido:
Se emplearán sonidos no distinguibles para el oído humano. Se utilizara para esto efectos sonoros, distorsionando sonidos reales. Habrán altos y bajos, sonidos fuertes y agudos, sonidos más bajos, silencios. Todo siguiendo la misma lógica temática y como fin de hacerle sentir al espectador distintas sensaciones, y poder ingresarlo en un mundo incomprensible
lunes, 30 de noviembre de 2015
martes, 10 de noviembre de 2015
Andrei Tarkovski. Esculpir en el tiempo.
INTRODUCCIÓN
RESUMEN
Tarkovski puede ser considerado, junto con Einsenstein, Dreyer o Ford, uno de los contribuyentes a ampliar el horizonte del arte cinematográfico.
Estuvo 15 años trabajando en la escritura de este libro “Esculpir en el tiempo”. Dudaba si esforzarse en su desarrollo porque dudaba si valdría la pena, pero lo que lo decidió fue el contacto con los espectadores de sus películas, mayormente por carta. La dicotomía de ellas, la dicotomía en los pensamientos de los distintos espectadores lo llevó a escribir este libro como una búsqueda interna de el mismo. En busca de las necesidades y posibilidades que tiene el joven arte del cine, ya que opinaba que tenía muchísimas posibilidades de las que solo se habían descubierto algunas pocas.
Lo que Tarkovski destaca de estas cartas es que el cine no es elitista. Requiere de vivencias y emociones y no de una profesión ni una clase social. Le escribían miles de personas acerca de sus películas. Se daba cuenta que a veces un ama de casa que cuida de sus hijos podía entender la esencia de la película y sentir con ella; y en cambio un ingeniero muchas veces podía no entender nada y hasta estar enojado por su distribución.
Para Tarkovski el cine no era entender una película, sino sentirla. Un crítico decía de EL ESPEJO “Hay que verla como se contemplan las estrellas, el mar o un paisaje bello. Se echará de menos la lógica matemática”.
Cada persona se apropia de la película de manera diferente según sus experiencias de vida, y la vive de una manera distinta. Nadie puede percibir lo mismo que otro.
No quería transmitir, a través de sus películas, su punto de vista. Deseaba que cada persona sintiera al ver sus películas sin ser influenciados por él.
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