FEDERICO FELLINI
“El cine es el arte en el que el hombre no puede por menos que reconocerse. Es también el espejo delante del cual tendríamos que tener el coraje de desnudar enteramente nuestra alma”
Película elegida
Ocho y 1/2
Género:
Drama
Año: 1963
“Quería hacer una película honrada, sin engaños, que pudiera ser provechosa para todo el mundo, para enterrar lo que está podrido en cada uno de nosotros. Pero, a fin de cuentas, yo mismo soy incapaz de enterrar nada. Quisiera decirlo todo y no tengo nada que decir”.
Año: 1963
“Quería hacer una película honrada, sin engaños, que pudiera ser provechosa para todo el mundo, para enterrar lo que está podrido en cada uno de nosotros. Pero, a fin de cuentas, yo mismo soy incapaz de enterrar nada. Quisiera decirlo todo y no tengo nada que decir”.
Personajes:
Miguel y Hernán tienen 35 y 42 años, viven en
Pontevedra, una ciudad muy chica donde todos se conocen. Ambos suelen
frecuentar la cancha de tenis del club del barrio. Miguel es docente y Hernán
es comerciante, tiene 2 ferreterías y una distribuidora en la ciudad.
Propuesta de
puesta en escena:
Ambos personajes llevan ropa de tenis y signos de actividad física reciente.
Escena trascurrida en Julio de 2014 en el bar de una cancha de tennis.
Travellings y paneos previos a la escena de Miguel y Hernán para describir el lugar de la escena y la gente que está en el club mientras ellos hablan. Tal como lo hace Fellini en 8 y medio.
Empezando con imágenes de gente entrenando en el club, mostrando el esfuerzo, la perseverancia, haciendo alusión a la perseverancia de Do-min al venir a adaptarse a otro país.
Voz fuera de campo mientras se muestran estas imágenes. Y luego mediante fundido plano de MIGUEL empezando la conversación.
En la segunda charla que tienen, donde los dos personajes vuelven a cruzarse una semana después en el club, para hacer notar este cambio de día, se va a desarrollar en el mismo bar pero de noche. Y ambas escenas van a unirse con un fundido a negro, entendiendo que la primer escena terminó y comienza otra.
Los títulos van a ser con tipografías distintas y las letras se van a fundir unas con otras mostrando que la unión de las distintas culturas y sociedades es posible.
Guión Literario:
Ambos personajes llevan ropa de tenis y signos de actividad física reciente.
Escena trascurrida en Julio de 2014 en el bar de una cancha de tennis.
Travellings y paneos previos a la escena de Miguel y Hernán para describir el lugar de la escena y la gente que está en el club mientras ellos hablan. Tal como lo hace Fellini en 8 y medio.
Empezando con imágenes de gente entrenando en el club, mostrando el esfuerzo, la perseverancia, haciendo alusión a la perseverancia de Do-min al venir a adaptarse a otro país.
Voz fuera de campo mientras se muestran estas imágenes. Y luego mediante fundido plano de MIGUEL empezando la conversación.
En la segunda charla que tienen, donde los dos personajes vuelven a cruzarse una semana después en el club, para hacer notar este cambio de día, se va a desarrollar en el mismo bar pero de noche. Y ambas escenas van a unirse con un fundido a negro, entendiendo que la primer escena terminó y comienza otra.
Los títulos van a ser con tipografías distintas y las letras se van a fundir unas con otras mostrando que la unión de las distintas culturas y sociedades es posible.
Guión Literario:
1. El bar de un complejo de canchas de tenis. Miguel y
Hernán toman algo. MIGUEL: Me lo contó hace como 5 años. No me acuerdo bien,
pero te lo cuento igual, aunque incurra en alteraciones.
HERNÁN: Dale.
MIGUEL: Es así: Do-min tiene 8 años cuando los padres
le anuncian que se van a vivir a la Argentina. El no sabe ni dónde queda eso en
el mapa, pero como está educado en el respeto y la obediencia... Cuestión que
venden lo que tienen, cierran la casa y se despiden de parientes y amigos. A
ese momento terrible de la partida le sigue otro tal vez peor, que es la
llegada a esta ciudad rarísima, donde nada se parece a lo que ellos conocen.
¿Sí? No llegan a reponerse de ese impacto que ya la ley de este lugar nuevo les
exige que los chicos vayan a la escuela. Entonces los examina un comité de
evaluación (esto es fines de los ‘70, ¿’ta?, no descartes la posibilidad de
uniformados), y a Do-min lo mandan a primer grado, y al hermano, que es dos
años mayor, a segundo.
HERNÁN: ¿Y con el idioma qué?
MIGUEL: Yo qué sé, son chicos, aprenden...
HERNÁN: No son tan chicos.
MIGUEL: Bueno, Do-min estaba en el límite, viste que
él, acento, casi no...
HERNÁN: No tiene. La idea de acento aparece cuando le
ves la cara. Si sólo lo oyeras, dirías que es alguien que habla particular.
MIGUEL: El hermano sí tiene, bastante. Claro, era más
grande.
HERNÁN: Pero no es sólo eso, hay algo más. Dante se
llama, ¿no?
MIGUEL: Se puso Dante. Se llama Do-sun.
HERNÁN: Yo lo vi una sola vez, pero mi sensación es
que... Digo, se cambió el nombre, se casó con una argentina, pero sigue siendo
un coreano radicado acá: trabaja en una empresa de allá, anda todo el día entre
coreanos. Do-min conservó su nombre pero, en un momento, eligió apartarse de la
comunidad coreana. Tomó la decisión de ser argentino.
MIGUEL: Realmente fue una decisión. Escuchá lo que
sigue. Van varios meses de clases, y él ya más o menos se comunica. Un día la
maestra le dice: “Do-min, contanos cómo es la comida coreana”. Se queda mudo.
No sabe decir langostinos, agridulce o jengibre. No le da para explicar algo
tan complejo. Entonces la maestra, para sacarlo del aprieto en que lo metió, le
dice: “Hagamos una cosMiguel: un día le decís a tu mami que nos prepare algo,
así probamos. ¿Sí?”. El dice que sí y esa tarde le cuenta a la mamá lo que
pasó. Entonces ella le pregunta cuántos son en el curso y él dice, no sé, 40.
Ella va de compras, se recorre todo, gasta una fortuna, se pasa el fin de
semana encerrada cocinando y prepara una especie de compendio exhaustivo de
comida coreana para 40. Llega el lunes, Do-min va a la escuela y le dice a la
maestra. Miguel: “Mi mamá quiere saber cuándo van a venir a casa”. “¿Cómo?”
“Dice que ya cocinó para todos y quiere saber cuándo van a venir.” La maestra
se queda callada un rato... lo mira... y le dice: “Nooo... no, no, entendiste
mal. Yo dije por decir, pero no...”. Y mientras dice esto ve cómo se le deforma
el gesto al chinito este que tiene enfrente. Y advierte que... que no hay
solución. Y lo manda a sentar y empieza con la clase. Do-min pasa el día con el
corazón oprimido y a la tarde le explica a la mamá lo que pasó. Ella se
arrodilla, lo mira a los ojos y le dice: “Hijo, llegamos a un lugar donde las
reglas son distintas. Tendremos que acostumbrarnos a eso”.
2. La misma situación, otro día.
HERNÁN: Ah, no te dije: me encontré con Do-min.
MIGUEL: Mirá. Justo que...
HERNÁN: Sí. Le conté. Fue gracioso. Me dijo que, con
los años, él terminó dándole al episodio un sentido parecido al que vos le das.
Pero que tu versión estaba occidentalizada.
MIGUEL: ¿Ajá?
HERNÁN: Dijo que la idea de desarraigo a ellos les
chupa un huevo. Que vayan adonde vayan forman guetos, así que no hay nostalgia
de la tierra abandonada ni pavor ante la nueva. Que en el departamento donde
cayeron, en Fuerte Apache, tenían mucho más confort que en Seúl, donde no había
gas, ni duchas ni cloacas. Que a Dante, a pesar de ser 2 años mayor, lo
metieron en primer grado igual que a él. Que entendía que a tu versión le
convenía un protagonista único, pero que el episodio lo vivieron los dos. Que
la respuesta de la maestra les produjo más desconcierto que desazón. Y que,
cuando le contaron aquello a la madre, se sorprendió un poco, pero enseguida
empaquetó la comida, la repartió entre la heladera y el freezer y se alegró
porque le esperaba una semana sin cocinar.
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